Terror

Máscaras de látex: los clásicos del cine de terror y piezas de Halloween.

Sobre terror

Máscaras de látex de terror: los personajes que todo el mundo reconoce y piezas genéricas de calidad para quien busca dar un susto sin depender de una licencia.

Qué distingue una máscara buena de una de bazar. El grosor y la uniformidad del látex, primero: una máscara barata tiene zonas casi transparentes por donde se rompe a la primera. El pintado, después — las buenas llevan varias capas y sombreados que dan profundidad; las malas, un color plano y brillante. Y el detalle del modelado: arrugas, poros y texturas que se aprecian de cerca. Una máscara bien hecha aguanta la mirada a medio metro; una mala solo funciona de lejos y con poca luz.

Ajuste y comodidad, si es para llevarla. La abertura del cuello marca si entra bien la cabeza. Los ojos tienen que quedar a la altura correcta, porque una máscara con los ojos mal alineados no deja ver y se ve fatal. Y la ventilación importa más de lo que la gente cree: sin agujeros discretos por donde respirar, media hora con una máscara integral es insoportable.

El pelo. Muchas máscaras clásicas llevan pelo, y ahí está buena parte de su efecto. El pelo implantado o cosido a mano aguanta el uso y el tiempo; el simplemente pegado se va cayendo en mechones y una vez que empieza no hay arreglo bueno. Al comprar, tira suavemente de un mechón: si cede fácil, sabrás lo que te espera.

Conservación. Es donde más máscaras se pierden. Sobre un soporte con forma de cabeza, no colgada de un clavo ni aplastada en una caja. Lejos del sol y del calor, que resecan el látex hasta agrietarlo. Talco por dentro y por fuera antes de guardarla. Y si va a estar meses guardada, rellénala con papel para que no se venza sobre sí misma.

Sobre el uso. Si te la vas a poner sobre la cara sin nada debajo, un pasamontañas fino de licra mejora muchísimo la comodidad, evita que el látex se pegue a la piel y alarga la vida de la máscara.

Se pueden ver y probar en la tienda de Zaragoza.