La historia
Esto empezó en un taller,
no en una tienda
Durante veinte años, lo que salía de aquí eran muebles: puertas de coche convertidas en cabeceros, parachoques en estanterías, volantes en relojes de pared. Piezas de desguace que ya habían tenido una vida y a las que se les daba otra, para decorar bares, talleres y sobre todo garajes de gente a la que le gusta el motor de verdad.
En paralelo, y sin ninguna intención comercial, una colección de Pokémon que lleva más de dos décadas creciendo. Cartas compradas cuando valían lo que valían, guardadas bien porque gustaban, no porque fueran a revalorizarse.
Y en medio de todo eso, dieciocho años dirigiendo tiendas para otros. Kiabi, retail de moda, con todo lo que eso enseña sobre cómo se coloca un producto, cómo se cuenta y por qué alguien entra en un sitio y decide quedarse. En enero de este año llegó el momento de negociar la salida y montar por fin lo que llevaba años rondando: una tienda de coleccionismo bonita, con gusto, donde la gente entre y diga «wow».
Por qué esta web existe
El catálogo vive en Wallapop, y ahí se queda: cero comisiones, protección al comprador y un sistema que ya funciona. Lo que faltaba era un sitio donde las piezas se pudieran ver bien, buscar por lo que son de verdad y entender sin tener que preguntar. Esta web es ese sitio. La compra se cierra en Wallapop; aquí no se paga nada.
Cómo se cuentan las cosas aquí
Si una carta tiene una esquina tocada, se dice. Si una pieza es una reproducción, se dice. Veinte años coleccionando dan para saber que la confianza es lo único que no se puede reponer, y que un comprador que vuelve vale más que una venta forzada.
